El karma en el Amor

No deberíamos lanzarnos festivamente, en la idea de que no hay problema, a vivir una relación, bajo el mantra de “es el amor que nos trae nuestro karma”. No se debería hacer sin reflexionar primero un hecho fundamental: el Karma está ahí, parecido a una entrega de lecciones por capítulos de vida, para hacernos crecer; y si es posible crecer más alto en sabiduría. Y el crecimiento, ya sea físico o espiritual nunca es fácil ni nos cae regalado.

La gente cree que el “alma gemela”, es la “otra mitad” de una alianza idealizada. Pero eso no es así de fácil. Las kármicas son las relaciones que reconocemos definitivas en nuestra vida, porque aportarán lecciones sobre lo que tenemos que aprender. Pero casi siempre su cualidad, la energía que marca esa relación, será de drama.

Sed conscientes, la próxima vez que el amor os golpee en pleno corazón y a renglón seguido la pasión sexual, de que suelen ir muy unidas ambas cosas en las uniones kármicas.

Nadie se pregunta nunca porque un concepto tan espiritual y fatalista, como es la idea del karma evolutivo, se conecta tan fácilmente con la lujuria desatada, muchas veces llegando al extremo de la pérdida total de la propia estima y dignidad; pero sucede de ese modo.

Cuando alguien os diga “es un karma amoroso que el destino trae”, ya podéis mirar con un poquito de desconfianza a quien os regala los oídos; porque está vendiendo la versión empalagosa del asunto o, apartando cualquier sospecha sobre su buena intención, a lo mejor es que en su experiencia personal jamás se topó con una auténticamente pasional y destructiva historia kármica.