Madre Tierra

En estos días me chocó algo que vi: Un hombre, fuera de su casa, regaba con amor su vehículo. Un despilfarro abundante de agua en unos días en que hemos padecido altas temperaturas y ha llovido escasamente. Ese hombre tenía al lado de su casa un pobre arbolillo raquítico que pugnaba por sobrevivir.

Ni una sola gota de agua le dedicó. Yo creo que ni lo vio y que seguramente pasa por allí cada día sin verlo. Eso es lo habitual y tan solo un ejemplo de lo que a diario hacemos con la naturaleza, y con lo que esta nos regala. Seguramente ese señor se quejará de lo mucho que le cuesta conseguir las cosas y de que nadie le regala nada; pero es obvio que poco recibirá, porque tampoco da nada.

Qué pena, pues no solo somos a veces incapaces de amar realmente a otras personas, sino que también somos los principales creadores de los males del planeta que habitamos, debido a nuestra falta de conciencia, indiferencia y el egoísmo colectivo que padecemos. La tierra, al igual que un cuerpo humano sufre la enfermedad de la agresión y el desamor que le demostramos.

Hay más de lo que es visible: Los psíquicos dicen que el planeta es un ser vivo con sus órganos o chacras energéticos. Un cuerpo envenenado por la vibración negativa de los malos pensamientos humanos. Si no recordamos darle agua al árbol que tenemos al lado de casa, por lo menos podemos intentar ayudar un poco a nuestra Gaia, enviando mejores pensamientos.

Tomemos conciencia de que la purificación del aura planetaria va ligada a la limpieza mental colectiva Y si no logramos mandar un pensamiento amoroso, si por lo menos procurar que sea menos negativo.

Sanando a Gaia, La madre Tierra