Vivir Mágicamente

La magia ha estado aquí, a cara descubierta o escondida, desde épocas pretéritas. Y si se practicó entonces es porque algún efecto tuvo. Porque una reliquia, saber atávico de curanderos, brujos y chamanes, resulta que sigue practicándose actualmente -y no sólo eso, sino que ha renacido con más fuerza- será quizá debido a que los medios que usó no resultaron ser tan ineficaces.

Tiempo y cuidado de sí es lo primero para quien sigue esta práctica. Hay que buscar un tiempo para poder pasarlo en meditación, en recogimiento, aprendiendo a experimentar sensaciones. Y estudiar. Hay que concederse horas para poder asimilar bien ese poder; porque ese poder no se despierta así porque sí, hay que estar en pleno dominio de una mente reposada y un cuerpo físicamente saludable. Eso significa alimentarse bien y nutrirse racionalmente, cuidar el físico sin cometer excesos. La magia no es un pasatiempo, es un estilo de vida.

Pero la magia tiene dos caras, es un arma de doble filo, y alguien que esté jugando con ella sin tener suficiente conocimiento, o con demasiado entusiasmo para aprender, puede verse desbordado en la experiencia y con el resultado obtenido de las fuerzas elementales que desconoce.

Cuando se trata de hacer el bien a otros no hay ningún problema. Ni la magia ni la brujería pueden ser de efectos negativos cuando el propósito es bueno. Pero donde se junte la motivación egoísta, la codicia, el deseo y la falta de un código ético, hay que tener cuidado. No en vano se dice “ten cuidado con lo que deseas porque lo puedes conseguir”…claro que lo puedes conseguir, el precio que pagues luego es otra cosa. Porque todo tiene su precio, no siempre a pagarlo con dinero.

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